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Sobre la naturaleza de la luz

Poesía y ciencia tienen un punto de encuentro común en la luz y su asombrosa naturaleza.

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Hasta antes de los recursos tecnológicos que hicieron posible la física cuántica, la luz fue sobre todo un fenómeno estético. La luz nos permite mirar el mundo, un hecho que va de lo mínimo a lo milagroso porque lo experimentamos cotidianamente. La luz nos permite leer, nos hace sentirnos cómodos en un espacio, la luz alimenta a las plantas. Caravaggio exploró sus matices pictóricamente. En el estilo arquitectónico de Luis Barragán, la posible calidez de la luz es uno de sus elementos más íntimos. “La luz es el primer animal visible de lo invisible”, dice un verso famoso de José Lezama Lima. Con cierta frecuencia una película es un suceso lumínico, en la medida en que el director elige con cuidado la hora del día para filmar o el uso de las luces artificiales.

Esta primera forma de entender la luz seguramente nos parecerá conocida, porque nosotros mismos la entendemos de esa manera. Sin considerarnos artistas o estetas consumados, cualquiera de nosotros se ha detenido ante un atardecer o ante la manera en que la luz del sol se cuela por las ramas de los árboles, quizá también hemos dispuesto una lámpara en cierto rincón de nuestra casa para ofrecer una atmósfera más acogedora.

Curiosamente, estas especulaciones no nos acercaron más a la comprensión cabal del fenómeno. Hasta ahora podemos responder solo vagamente qué es la luz, de qué está hecha. Sabemos, es cierto, que está hecha de fotones, una de las partículas elementales más elusivas y enigmáticas, pues se trata de uno de los pocos casos en que el comportamiento de partícula se combina con el de onda: los fotones ocupan espacio pero también se extienden en el espacio, una dualidad que ha sorprendido a los científicos desde tiempos de Einstein.

Asimismo, se trata de partículas que no tienen masa, lo cual les permite moverse a la velocidad que hasta ahora se considera la velocidad de la luz (la constante c, 300 mil km/s). La premisa es esa porque no aún no es posible verificar si un fotón se desplaza a la misma velocidad en el vacío. Si no fuera así, la posibilidad es que c no fuera la velocidad de la luz, sino solo la velocidad máxima que un objeto puede alcanzar en el espacio tiempo.

Tan solo estas dos propiedades tomaron varios años de investigación. El conocido “principio de incertidumbre” de Heisenberg deriva directamente de la observación del comportamiento de los fotones y, por otro lado, la interpretación de Bohm de este principio (la cual, dicho sea de paso, abrió la puerta a la teorización sobre los multiversos) buscó explicar por medio de la simultaneidad la dualidad onda-partícula.

Quizá la próxima vez que mires un rayo de luz o, mejor dicho, cobres conciencia de que lo miras sin mirarlo porque hace posible que veas el fragmento de realidad donde se posa, pienses en algo de esto y, como Goethe, tú también digas “¡Luz, más luz!”.

  1. enrique

    Me gustaria saber los lugares exactos, los días que van a estar expuestos y los horarios, gracias.

    enero 29th, 2015 // Reply

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